La experiencia acumulada por Gesfor en el campo de la formación a lo largo de los años nos ha hecho ver que hay cierta confusión entre dos conceptos: el de formación subvencionada y el de formación bonificada. De hecho, es erróneo el concepto que a veces oímos de “formación bonificada subvencionada”.

Vamos a tratar de aclararlo haciendo un poco de historia que nos haga entender cómo funciona el sistema actual en cuanto a la formación se refiere en nuestro país.

Desde 1993 la formación y el reciclaje profesional de los trabajadores ocupados se regulaba a través de acuerdos nacionales entre empresas, sindicatos y Gobierno –lo que se llamaba FORCEM y que desembocó en la actual Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo-.

Se establecían dos tipos de formación: la de la oferta y la de la demanda, gestionadas principalmente por los Agentes Sociales.

El Real Decreto de 2003 aportó una importante novedad: la necesidad de que las ayudas de formación continua se extendieran al mayor número de empresas, principalmente a las pymes, que son las que forman la mayor parte del tejido productivo de nuestro país.

El actual modelo de formación profesional para el empleo lo marca el Real Decreto de 2007, porque establece la separación entre la formación subvencionada y la bonificada. Hasta entonces, las empresas tenían poco que decir, ya que los fondos públicos destinados a la formación estaban gestionados por los Agentes Sociales.

Por último, hay que considerar también la reciente Ley de 2012 de medidas urgentes para la reforma del mercado, que ha incluído el derecho del trabajador a 20 horas anuales de formación vinculadas al puesto de trabajo y el deber del empresario de formar a los trabajadores para adaptarlos a las modificaciones de dicho puesto.

Entonces, ¿cuál es la diferencia?

La formación subvencionada básicamente son los llamados “cursos gratuitos” en los que participan los trabajadores de forma individual, sin necesidad de que participe la empresa.

Los cursos de formación los ofrecen, de manera gratuita, las organizaciones empresariales y sindicales, las de economía social y trabajadores autónomos, y los centros y entidades de formación debidamente inscritos y acreditados.

En la formación bonificada, las empresas pueden decidir qué tipo de formación quieren impartir a sus trabajadores, disponiendo de una ayuda económica que se hace efectiva mediante bonificaciones en sus cotizaciones a la Seguridad Social.

Por supuesto, el fin no es otro que impulsar y extender entre las empresas y los trabajadores ocupados y desempleados una formación que responda a sus necesidades y que contribuya al desarrollo de una economía basada en el conocimiento.

Desde Gesfor participamos activamente en lograr este objetivo y ofrecemos puntualmente cursos de formación en una amplia variedad de materias del conocimiento.